• luxborealinfo

De linternas, ecos y reflejos

VII Concurso de Coreografía 4x4 TJ Night 2018, organizado por Lux Boreal

Por Marlene Solís

El Colegio de la Frontera Norte


El concurso de coreografía 4x4 TjNight, realizado el pasado mes de abril, es una celebración. Referirse al concurso 4x4 TjNight se debe a que – por séptima ocasión- Lux Boreal junto con el Cecut han logrado convocar a bailarines, bailarinas, coreógrafas y coreógrafos de distintos lugares de México y Estados Unidos a participar de este evento, reuniendo también a públicos variados para apreciar las 18 propuestas. Ambos, concursantes y asistentes, forman parte de la atmosfera que se genera por saber que hay un jurado y una obra ganadora. Comparten por cuatro días el despliegue energético de las y los intérpretes que expresan su compromiso en cada una de las piezas que se van presentando en centros nocturnos tomados por la danza contemporánea, que en este año fueron: Cine Tonalá, Mamut Brewery Co., Marko Disco y el lobby de El Cubo en el Cecut.


Fotografía: Carla Alcántara Photography

Por mi parte, festejo la oportunidad de hacer esta lectura de las obras tomando en cuenta la propuesta estética, ya que el conjunto de coreografías nos revela inquietudes por representar una realidad social y una época complicada y frente a la cual necesitamos comunicarnos, desarrollar nuevas formas de entender y sentir el presente. Además, cada año hay sorpresas y en esta ocasión fue la obra titulada Detrás del reflejo (De Francisco Herrejón), desafortunadamente, sobrepaso el tiempo límite como requisito, se pasó 28 segundos, por lo que la obra se quedó fuera de las finalistas. Sin embargo, el jurado manifestó que muy probablemente hubiera sido la obra ganadora.


Fotografía: Carla Alcántara Photography

Detrás de reflejo logra un impacto muy especial, pues de pronto y sin saber cómo resulta que somos testigos de un acto de violencia. Los personajes una mujer y dos hombres, mitad ficción mitad realidad, van tejiendo la tragedia. Primero asistimos a un encuentro casual entre una chica bonita, de falda corta con dos hombres aniñados, que recuerdan a los personajes de las películas Naranja Mecánica de Stanley Kubrick y FunnyGames de Michael Haneke. Poco a poco los dos jóvenes van develando su personalidad psicótica: soy un loco -dice uno de ellos-. Mientras que la chica con una libreta en mano lee algunos pasajes de lo que parece un cuento. A diferencia de sus compañeros, ella se presenta como muy muy cuerda, hasta picara. De ninguna manera se le percibe vulnerable, al contrario, por su intelecto ella pareciera dominar cualquier situación. De pronto, empiezan un juego entre los tres en el que los jóvenes aniñados la convierten en un objeto al que hacen como quieren, hasta que ella termina tendida en el piso, a pesar de su reclamo porque paren. La trama es interpretada eficazmente y con un lenguaje corporal y una coreografía muy bien integrados al texto teatral. De tal modo que todo ocurre naturalmente y se genera así en el espectados una cierta complicidad y perplejidad por la manera en cómo se desenvuelve el acto, pues terminamos preguntándonos: ¿en qué momento la joven picara pasa a ser víctima de estos niños maliciosos? La ecuación resulta de lo más provocadora.


Las obras finalistas fueron muy diversas, trataron temas como: la identidad fronteriza, las relaciones de pareja, la feminidad y lo místico. La obra que gano el premio del público, es decir, que fue elegida como ganadora por votación entre los asistentes a la final, se llama Ultras Light Beam de Gustavo Vásquez Martínez. Esta coreografía actualiza una imagen icónica de la frontera entre México y Estados Unidos, aquella que hemos visto en los freeways del condado de San Diego, durante los años ochenta y noventa, cuando el cruce de familias migrantes por Tijuana se encontraba en su punto más álgido e hizo necesario colocar en estas vías un cartel preventivo para los conductores, por la frecuente presencia de familias atravesándolo. la señal es una imagen en caricatura del padre, la madre y el hijo, corriendo tomados de la mano.


Fotografía: Eduardo Gómez

La pareja y el hijo desarrollan un baile evocando a esta imagen, con las ropas llenas de polvo como marca de la travesía por el desierto, expresando un sentimiento de tristeza, de agobio por la vulnerabilidad que encarnan. Se valieron de un estilo del pop estadounidense, el hip-hop, y como música una pieza de góspel del cantante Kanye West, que aun cuando es de origen afroamericano, nos lleva al mismo sitio de poblaciones en resistencia frente a un sistema social injusto. La letra habla de la unión entre las personas, de un espacio utópico en el que no hay fronteras, donde todas y todos podemos vivir juntos, sin discriminación. 32°N- 117°W, coreografía de Daniel Delgadillo, presenta igualmente reminiscencias del hip-hop. Es una pieza más festiva, en la que prevalece un sentimiento de orgullo, vemos a un líder y su pandilla (clica) mostrarnos su singular sentido de pertenencia, ya no a un país o a una región sino a un barrio, que es la unidad espacial mínima de identificación para sobrevivir en un espacio de frontera. El movimiento corporal y los breves diálogos dan cuenta de un clásico estilo tijuanense.


Otras dos obras que se pueden ver en conjunto por trazar un camino desde dos extremos opuestos, uno que enfatiza la forma y otro lo místico. [Sin FILTRO], de Salvador Corona, hace una crítica a la feminidad condicionada. Para ello, se vale de la interacción de cuatro mujeres/ gallinas, lo cual es explicito pues su vestuario es un disfraz completo, solamente se les ve la boca, los ojos, y una parte del pelo, lo demás es una malla color piel de gallinas. Los cuerpos de las mujeres son diversos, pero sobresale un tipo buchona y un cuerpo obeso, su comportamiento medio animal, los trazos en el espacio y el sonido, logran sostener una obra inquietante, formalmente recargada, recordando el estilo Kitsch, que busca el efecto inmediato por la estridencia de los elementos que se utilizan.


Fotografía: Eduardo Gómez

En contraste, RaisedbyGods de Diego Mur y Mauricio Rico es interpretada por dos hombres, que también se transfiguran de modo que su identidad de género queda suspendida. Pero el recurso tiene otros fines que el formal, más bien es parte de un ritual catártico. El público es participe de este ritual, pues el despliegue de energía de los intérpretes y el desarrollo de la pieza logra sumergirnos en una atmosfera totalmente alucinante. Quizá podría decir que lo único que hizo falta para hacer de esta obra una pieza redonda fue un final menos abrupto, que permitiera salir del trance, como las campanas que al final de una meditación crean un puente de salida hacia lo cotidiano.


Fotografía: Carla Alcántara Photography

Finalmente, las dos piezas en las que participa Patricia Rivera Maldonado, que fue ganadora del premio como mejor interprete, tienen en común que son duetos y que el tema es la relación de pareja. Sin embargo, otra vez vemos propuestas con direcciones encontradas pues en la pieza llamada Antimórfosis de Tomás Sebastián, se utilizan varios recursos, como los celulares, la cuerda que los ata, y el plástico que los cubre al final de la pieza, para narrar un proceso de transformación. El texto que subyace nos hace pensar en el apego como forma de relación que termina fundiendo a los dos en uno solo, mediante una sutil codependencia. Es una obra muy bien lograda, con riesgos bien manejados y con una ejecución muy limpia.



La segunda coreografía a la que me refiero es Eco’s... volar diez mil de Patricia Rivera en colaboración con Zurisadai González. Esta pieza fue la ganadora del concurso y a diferencia de la anterior sobrepasa lo terrenal del tema de la pareja para tocar un asunto más esencial y universal de la existencia. La música original de Francisco Carrera es clave para instalarnos en una de las vías para llegar al nirvana, pues los intérpretes dibujan una secuencia para lograr la fusión de dos cuerpos, misma que se va presentando durante la coreografía de modo que al final, uno de ellos queda suspendido en el espacio como alcanzando la libertad. Una interpretación posible es que se trate de la representación de un orgasmo, ya que -según el yoga tántrico- este nos abre una puerta, a través de la unión con el otro, para sentir la divinidad que nos habita.


Fotografía: Carla Alcántara Photography

Este recorrido por las mejores obras del concurso nos deja una sensación de agradecimiento y de júbilo. Desde ahora, empezamos a espera de la siguiente edición para disfrutar del magnífico trabajo de todas las personas e instituciones (Lux Boreal y Cecut) que hacen posible este evento.


42 vistas

© 2014 por Lux Boreal A.C.

  • w-facebook
  • Twitter Clean
  • w-flickr
  • White Instagram Icon
  • White MySpace Icon
  • White YouTube Icon
  • White Vimeo Icon
  • White Blogger Icon
Proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes